Geografía de las catástrofes

Uno de los placeres de la lectura es encontrar puentes entre textos dispares, correspondencias evidentes y otras más sutiles, ecos premeditados o inconscientes. En mi experiencia, ese placer es aún mayor si uno descubre esas conexiones de un modo inesperado, lo que constituye una prueba más de que, en muchos ámbitos de la vida, la casualidad es más decisiva de lo que nos gusta reconocer.

Cómo reaccionamos ante una catástrofe, qué revela esa respuesta de nosotros como individuos y como sociedad, qué aprendemos de esas experiencias (si es que aprendemos algo): ese el nexo de tres de mis lecturas más recientes, en apariencia muy distintas. Se trata de un clásico de la literatura inglesa que, por razones obvias, ha cobrado en 2020 un interés especial —Diario del año de la peste, de Daniel Defoe— y de dos novedades editoriales del otoño: la última —y apocalíptica— novela de Don DeLillo (El silencio) y un conjunto de ensayos escritos por Zadie Smith en los primeros meses de la pandemia (Contemplaciones). Son tres libros espléndidos, cada uno a su manera, que además se iluminan y enriquecen mutuamente.

En Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year, en el original), la tragedia colectiva es la gran epidemia de peste bubónica que sufrió Londres en 1665 y que pudo matar hasta a cien mil personas, casi una cuarta parte de la población, en un período de dieciocho meses. Defoe (Londres, 1660-1731) sobrevivió de niño a la epidemia, pero cuando escribió la obra en 1722 la presentó como las memorias de un comerciante y disidente de la Iglesia anglicana que habría permanecido en la capital durante todo el brote.

La estupenda versión de la novela publicada por Alba Clásica —mi edición es de marzo de 2006, la más reciente ha aparecido este año— incluye una perspicaz introducción de Anthony Burgess en la que destaca que el Diario parece la narración coloquial y apresurada de un simple ciudadano pero, en realidad, es “una obra de arte muy elaborada, un ardid de la imaginación”.

En efecto, Defoe consigue dotar de verosimilitud a la voz del comerciante al entremezclar su visión de los hechos, sus reflexiones, las historias y rumores que le cuentan y los documentos históricos que maneja, saltando de unos a otros sin un orden claro, volviendo a ciertos asuntos repetidamente, matizando y corrigiendo, juzgándolo todo con más compasión que severidad.

Además, el autor de Robinson Crusoe combina con maestría los casos particulares y el protagonismo de la ciudad y retrata un abanico enorme de actitudes, del pánico al fatalismo, de los comportamientos más egoístas a las mayores muestras de heroicidad. Resulta tentador centrarse en los paralelismos con el presente: los ricos huyen de Londres, se multiplican las supersticiones y las supercherías, no hay registros creíbles sobre los contagiados y los fallecidos… Fragmentos enteros podrían estar fechados un día cualquiera de este año (la traducción —modélica— es de Carlos Pujol):

La reclusión de la gente fue más estricta; lo cual fue algo que tomaron tan a mal y soportaron con tanta impaciencia que sus demostraciones de descontento apenas son para describirlas.

(pág. 278)

Sin embargo, sería injusto ignorar los siglos de avances científicos y sociales que nos separan de un tiempo en el que se confiaba la suerte de los enfermos a la voluntad divina y la caridad, y el Diario no nos ahorra detalles sobre el sufrimiento y la desesperación de los contagiados.

En el caso de El silencio (Seix Barral, 2020), el caos irrumpe en forma de apagón digital que inutiliza las televisiones y los teléfonos, los ordenadores y los sistemas de navegación. Frente a la pretensión del Diario de abarcar toda la epidemia y una ciudad entera, El silencio se centra en unas pocas horas y un puñado de personajes y lugares (la mayor parte de la historia transcurre en un apartamento de Manhattan). Y si en la novela de Defoe abundaban las reacciones extremas, en esta predominan la extrañeza y el desconcierto: ¿cómo se relaciona uno con los demás y con el propio cuerpo cuando desaparece la tecnología en que se basa nuestro contacto con el mundo?

Autor esencial de la narrativa estadounidense del último medio siglo y un nombre habitual entre los candidatos al Nobel de Literatura, De Lillo (Nueva York, 1936) vuelve a demostrar su dominio de la prosa estilizada, a la vez absolutamente precisa y cargada de ideas y sugerencias, atemporal en su retrato de las emociones humanas y radicalmente moderna en su reflejo de los miedos y obsesiones de la aldea global e interconectada. Uno solo puede imaginarse la dificultad de traducir un texto tan rico y complejo, tarea que Javier Calvo resuelve con su brillantez habitual.

Siguiendo la tendencia de sus últimas obras, el autor de Ruido de fondo y Submundo condensa en un centenar de páginas la ansiedad de un mundo que avanza acelerado hacia no se sabe dónde. Concluido por DeLillo poco antes del comienzo de la pandemia del COVID-19, el libro es al mismo tiempo una profecía y una actualización de toda la literatura que, como la crónica de Defoe, o La peste, de Albert Camus, o Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, muestra un universo sometido a amenazas invisibles y desgracias repentinas.

Ciberataques, intrusiones digitales, agresiones biológicas. Ántrax, viruela, patógenos. Los muertos y los inválidos. ¿Hambrunas, plagas y qué más?

(Pág. 83)

Nueva York es también un escenario central de los seis ensayos breves que componen Contemplaciones (Salamandra, 2020; el título original es Intimations). Zadie Smith (Londres, 1975), uno de los nombres más reconocidos de su generación gracias a títulos como Dientes blancos y Sobre la belleza, es profesora de narrativa en la Universidad de Nueva York, y en esa ciudad la sorprendió la pandemia.

En el prólogo, que Smith firma ya en Londres —casi trescientos años después que Defoe escribiera allí su relato sobre otra pandemia—, la autora explica que el volumen es un intento de organizar algunos sentimientos y reflexiones de los últimos meses. Además, cita la influencia en su génesis de la relectura al comienzo de la crisis de las Meditaciones de Marco Aurelio (la traducción, otro ejemplo de precisión y fluidez, es de Eugenia Vázquez Nacarino):

(…) Aunque no soy más estoica que antes de abrir ese antiquísimo libro, me dio dos indicaciones que no tienen precio: hablar contigo mismo a veces ayuda y escribir significa que alguien puede oírte.

(Pág. 12)

La obra —cuyos beneficios se destinan a organizaciones sin ánimo de lucro— es un ejercicio de observación e inteligencia constantes que se mueve con fluidez entre el diario personal, el análisis sociológico y la denuncia política para hablar del confinamiento, el racismo, la sanidad o el sentido de la escritura, entre otros temas.

La voz de Smith suena clara y racional, pero no habla desde un púlpito ni profetiza, y una suave ironía da calidez a las páginas; plantea cuestiones morales que no tienen una solución fácil (por ejemplo, cómo podemos gestionar nuestra nueva relación con el tiempo y la necesidad de hacer algo), y su lucidez desemboca a veces en un desencanto que, sin embargo, no excluye ni la empatía ni la gratitud —el último texto es un homenaje a todas las personas con las que se siente en deuda—.

Como el Diario y El silencio, Contemplaciones nos recuerda en cada página la ligazón entre lo particular y lo colectivo, entre la respuesta de cada individuo y el destino del mundo. Porque, siguiendo la conocida metáfora del poeta John Donne, en las catástrofes, como en la literatura, no hay islas, solo partes de un mismo continente.

Diario del año de la peste
Daniel Defoe
Traducción de Carlos Pujol
Alba Editorial
Barcelona, 2006
408 páginas

El silencio
Don DeLillo
Traducción de Javier Calvo
Seix Barral
Barcelona, 2020
112 páginas

Contemplaciones
Zadie Smith
Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino
Salamandra
Barcelona, 2020
128 páginas

Virus, píxeles y algoritmos: el tiempo acelerado

‘Original’, ‘diferente’ o ‘personal’ son adjetivos que tendemos a usar con ligereza para referirnos a todo lo que no entendemos bien o no se ajusta a nuestras expectativas. No es el caso de Lo viral (Galaxia Gutenberg), un libro híbrido, un mosaico de apuntes y reflexiones que aborda asuntos clave de nuestra época con una combinación de materiales y enfoques que, por su singularidad, le hacen merecedor de esos calificativos.

El propio autor, Jorge Carrión (Tarragona, 1976), se refiere a este carácter particular casi al comienzo del texto: “No creo que tenga género, pero se podría definir como un antidiario de no ficción, un informe, una sucesión de preguntas, un diario fake o una reconstrucción”. En otro momento lo describe como un “relato realista de anticipación”, y se ve a sí mismo como “alguien que piensa en voz alta acerca de una dimensión paralela que proyecta una luz extraña, y no obstante interesante, sobre lo que ocurre en la dimensión central. Tal vez”.

Lo viral se compone de una serie de entradas bastante breves —la mayoría no ocupa ni una página—, fechadas entre el 17 de noviembre de 2019 y el 2 de mayo de 2020 (con alguna excepción anterior y posterior a ese período). Carrión explica que empezó a escribirlo el 10 de marzo de este año, es decir, solo unos días antes de que se decretara en España el confinamiento de la población debido a la COVID-19. Se trata, por tanto, de un diario ficticio pero, al mismo tiempo, sincero, e incluso podría decirse que precisamente porque es ficticio refleja mejor la realidad que si fuera auténtico.

Para añadir complejidad a la obra, tres grandes hilos se entretejen a lo largo de sus ciento setenta y seis páginas.

El primero es la crónica de la pandemia, desde el primer caso conocido en China hasta los pasos iniciales hacia lo que se ha llamado la Nueva Normalidad, un relato inevitablemente incompleto porque persisten muchas lagunas e incógnitas.

El segundo conforma un ensayo en torno al concepto de viralidad que, tal como lo entendemos hoy, surgió en los años noventa en el ámbito del marketing: “A partir de ese momento el objetivo de un anuncio, de una campaña de publicidad, de un videoclip o de un nuevo producto es propagarse, contagiarse, infectar las conciencias del máximo número posible de compradores, sobre todo a través de las redes de telefonía”. El libro revela cómo la viralidad no ha dejado de ganar peso e, impulsada por las redes sociales, se ha convertido en una categoría esencial para entender los mecanismos sociales, culturales, políticos y económicos de nuestra era. A través de mensajes y estrategias virales, se venden discos, se difunden bulos, se salvan vidas, se ganan elecciones. Y se comparten lecturas, claro.

Intercalados con los anteriores, el texto incluye materiales de carácter más personal, como los relativos a la experiencia del confinamiento en familia y a las novelas y los ensayos anteriores de Carrión —Contra Amazon es el más citado—. También abundan las referencias a lecturas sugeridas por la pandemia, desde el relato de Tucídides sobre la peste que sufrió Atenas en el siglo V a. C. y la inevitable novela de Albert Camus hasta una infinidad de narradores, ensayistas y autores de diarios como Kafka, Susan Sontag o Julio Ramón Ribeyro.

Precisamente a propósito del diario, Carrión señala que, “en los escritores modernos que importan”, este es “una estrategia de vanguardia” y “un laboratorio, un espacio de ensayo, de prueba, acierto, error”. Y, a continuación, se pregunta: “Este que escribo sin saber por qué, ¿acierta o falla?”.

Ante un libro como Lo viral, las respuestas pueden ser especialmente variadas; la mía es que Carrión sale airoso del experimento al que se ha sometido gracias a que las piezas encajan y, tras la lectura de las primeras páginas, el mecanismo se pone en marcha e ilumina cuestiones fundamentales sobre las que, aturdidos por las urgencias del día a día, apenas reflexionamos.

Sobre la base del paralelismo entre la pandemia y la viralidad digital —buscan la mayor propagación posible, necesitan transmisores y se aprovechan de la globalización y las nuevas tecnologías—, el autor encuentra relaciones más sutiles entre ambas, rastrea su origen y anticipa sus repercusiones en ámbitos como el de la cultura (Carrión es también director de un máster en Creación Literaria), los viajes o la inteligencia artificial. Por mencionar solo cuatro ejemplos de la variedad de perspectivas que ofrece, el libro explora la conexión entre los virus, la genética humana y el urbanismo; retrata el presente con las palabras de un filósofo romano de hace dos mil años, se fija en la conversión de las redes sociales en espacios de duelo ante la imposibilidad de despedir a los difuntos en persona durante la pandemia, y subraya la paradoja de que un fenómeno biológico va a reducir drásticamente el plazo para la transición digital.

Por su carácter fragmentario, Lo viral no tiene —no puede tener— la exhaustividad de un texto más ordenado y académico, pero en contrapartida disfruta de una flexibilidad que Carrión aprovecha para combinar teoría y experiencia, datos e intuiciones, creando una sensación de cercanía y urgencia. En algunos momentos, el estilo se contagia del carácter ligero y llamativo de lo que describe (“Jesucristo, el primer influencer“), pero es mucho más habitual que se incline hacia el matiz, la duda y los interrogantes sin respuesta —la entrada correspondiente al 2 de marzo consiste en treinta y nueve preguntas que el autor se dirige a sí mismo en una especie de examen de conciencia—, con lo que resulta a la vez más denso y más honesto.

Lo viral se lee con mucho interés (y algo de angustia) como reconstrucción histórica, es sugerente también como vía de acceso a otros libros (y películas y series de televisión) y nos permite, además, asistir al diálogo de un escritor con el mundo contemporáneo y consigo mismo, pero destaca sobre todo como fuente de ideas para la reflexión personal y el debate público.

Una lista pormenorizada sería interminable, así que apuntaré solo algunas que me han llamado especialmente la atención: la viralidad puede ser dirigida pero no decidida porque el centro de gravedad está en el cerebro de cada uno de nosotros; la filosofía actual más pertinente busca alternativas al incremento exponencial de la velocidad del mundo; existe una vinculación entre el uso de las redes sociales y la bioquímica cerebral, y plataformas como Amazon Prime Video, HBO y Netflix se rigen cada vez menos por criterios humanos y artísticos y más por la “tiranía de los algoritmos”, esos conjuntos de operaciones sistemáticas que sirven para procesar datos y resolver problemas, lo que convierte las obras en meros contenidos (este asunto se trata en uno de los episodios del podcast del escritor, “Solaris, ensayos sonoros”).

Quizás la conclusión más inquietante de Lo viral es que no hemos sido capaces de anticiparnos a la pandemia a pesar de experiencias anteriores y de los avisos reiterados de los expertos. Y el peligro, advierte el libro, continuará mientras el ser humano siga destruyendo los ecosistemas naturales. ¿Nos hará la pandemia conscientes del apocalipsis climático, “que parece lento pero en realidad no para de apretar el acelerador”?

Lo viral
Jorge Carrión
Galaxia Gutenberg
Barcelona, julio de 2020 (1.ª edición)
176 páginas

Un tesoro salvado

No se me ocurre mejor manera de comenzar este blog que recomendando El infinito en un junco (Ediciones Siruela). Se trata, sin duda, de uno de los títulos más aplaudidos en los últimos meses por los lectores y la crítica y -lo que es aún más infrecuente- objeto de elogios también por parte de todo tipo de escritores, desde novelistas como Rosa Montero y Mario Vargas Llosa a especialistas en la materia como Carlos García Gual. Mi edición, de junio de 2020, es ya la decimotercera del libro.

Su autora, Irene Vallejo, entreteje hábilmente ensayo, divulgación, referencias literarias, paralelismos con la actualidad y episodios autobiográficos para recorrer la historia de la escritura y los libros. Tres son los escenarios principales de esta narración que no tarda en volverse absorbente: la Alejandría ptolemaica, las polis griegas y la Roma imperial.

Las tesis que atraviesan todo el texto no son particularmente originales —el libro como invención fundamental de la civilización humana, aventura colectiva sostenida por figuras anónimas y frágil puente entre épocas, lenguas y culturas que ha sobrevivido a todos sus enemigos—, pero es difícil transmitirlas con más claridad, inteligencia y sensibilidad. Una simple muestra:

De alguna forma misteriosa y espontánea, el amor por los libros forjó una cadena invisible de gente -hombres y mujeres- que, sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores relatos, sueños y pensamientos a lo largo del tiempo.

Como entre los principios fundacionales de este blog figuran las seis propuestas de Italo Calvino para el segundo milenio —especialmente la relativa a la levedad—, añadiré solo dos observaciones a mi recomendación.

Algunos han acusado a Irene Vallejo de mezclar de forma poca rigurosa verdad y ficción. Es un reproche injusto, ya que supone ignorar que la autora aclara en todo momento si está presentando un dato incontestable (al menos hasta la fecha), una interpretación comúnmente aceptada, una hipótesis verosímil o la recreación imaginativa de una época o un hecho históricos —y, en cualquier caso, esta nunca es caprichosa—.

En segundo lugar, El infinito en un junco nos recuerda que no hay nada nuevo bajo el sol. “Algunas personas empezaron a considerarse ciudadanas del mundo, mientras que en otras se exacerbaba el nacionalismo”, cuenta Vallejo sobre la civilización helenística, la primera sociedad globalizada, surgida en los territorios conquistados por Alejandro Magno, de Macedonia a la India pasando por Egipto y Anatolia. Más adelante, relata que las inscripciones de la Grecia del siglo VIII a. C. halladas en tumbas “eternizan instantes especiales de la vida de las personas comunes que participan en banquetes, que bailan, beben y celebran sus placeres”. Y reconocemos otra constante que nos resulta familiar al leer que Platón defiende en La República la censura, que Ovidio murió en el destierro por una obra (El arte de amar) considerada contraria a la moral pública, y que los cristianos se enseñaron con la Biblioteca de Alejandría, destrucción que según algunas fuentes remataron los musulmanes pocos siglos después.

La historia como espejo de las miserias, los ideales más nobles y las contradicciones del presente: en la Odisea, el adolescente Telémaco manda callar en público a su madre, Penélope, por su condición de mujer; Heródoto adopta el punto de vista del otro, del enemigo, en el primer libro de historia de Occidente, y Séneca predicaba el pacifismo y una vida sobria mientras amasaba una fortuna gracias a las inversiones inmobiliarias y el cobro de intereses desorbitados.

Todo ha ocurrido y ocurrirá infinitas veces, y lo sabemos gracias a los libros.

El infinito en un junco
Irene Vallejo
Siruela, Biblioteca de Ensayo 105 (Serie Mayor)
Madrid, 2019 (1.ª edición)
449 págs.