Sobre mí y este blog

Bienvenidos a Escritas en el agua, mi blog sobre libros, es decir, sobre ese invento insuperable en que se entrecruzan vida y memoria, historias e ideas, realidad y ficción. ¿Pero tiene sentido crear en el año 2020 y en mitad de una pandemia un sitio así, otro más? Lo tiene para mí y estoy seguro de que no soy el único que lo piensa.

Me llamo César Niño Rey y nací en Las Palmas de Gran Canaria cuando casi nadie había oído hablar todavía de la Red de redes y faltaban muchos años para que se popularizaran el libro electrónico y las reseñas digitales. A esa isla está ligada la memoria de mis primeros años, y ya en esos recuerdos aparezco a menudo con una historia en las manos o la cabeza.

Leer, contar, escribir: pocas cosas me deparaban más felicidad durante la adolescencia, y no podía imaginar un futuro en el que mi vida no girase, de un modo u otro, en torno a las palabras, las mías o las de voces ajenas. Trasplantado a Madrid, me licencié en Periodismo y en Filología, y la pasión se convirtió en oficio, primero como redactor en un periódico impreso, más tarde en uno de los efímeros portales de información digital de la época (hay una novela esperando ahí) y, finalmente, en el mundo no menos agitado de la comunicación institucional -esta parte la reservo para mi autobiografía-.

Y, de repente, cuando me quise dar cuenta, tenía en la cabeza más canas que historias y rara vez un libro en las manos, descubrimiento tal vez facilitado por el cambio de perspectiva que implican una epidemia mundial y un largo confinamiento. Este blog es un intento de recuperar el tiempo perdido como lector -sobre todo, de novela, relato y ensayo, tanto clásicos como contemporáneos- y de compartir los descubrimientos y los entusiasmos de esta segunda parte de mi propia historia.

El nombre del blog, como muchos ya habrán adivinado, remite a un conocido epitafio, el de la tumba del poeta romántico inglés John Keats: “Here lies One Whose Name was writ in Water“. Keats, enfermo desde muy joven, murió en Roma a los veinticinco años, pero sus versos son inmortales. Así ocurre —o al menos debería ocurrir— con la mejor literatura: a pesar de estar escritas en el río del tiempo, las palabras que conforman La Odisea, los cantares de gesta, La metamorfosis y los poemas de Keats han sobrevivido de manera casi milagrosa a la destrucción, la censura, la azarosa vida de sus autores, la incomprensión y el olvido. Y cada vez que las leemos, vuelve a obrarse ese prodigio.

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