Virus, píxeles y algoritmos: el tiempo acelerado

‘Original’, ‘diferente’ o ‘personal’ son adjetivos que tendemos a usar con ligereza para referirnos a todo lo que no entendemos bien o no se ajusta a nuestras expectativas. No es el caso de Lo viral (Galaxia Gutenberg), un libro híbrido, un mosaico de apuntes y reflexiones que aborda asuntos clave de nuestra época con una combinación de materiales y enfoques que, por su singularidad, le hacen merecedor de esos calificativos.

El propio autor, Jorge Carrión (Tarragona, 1976), se refiere a este carácter particular casi al comienzo del texto: “No creo que tenga género, pero se podría definir como un antidiario de no ficción, un informe, una sucesión de preguntas, un diario fake o una reconstrucción”. En otro momento lo describe como un “relato realista de anticipación”, y se ve a sí mismo como “alguien que piensa en voz alta acerca de una dimensión paralela que proyecta una luz extraña, y no obstante interesante, sobre lo que ocurre en la dimensión central. Tal vez”.

Lo viral se compone de una serie de entradas bastante breves —la mayoría no ocupa ni una página—, fechadas entre el 17 de noviembre de 2019 y el 2 de mayo de 2020 (con alguna excepción anterior y posterior a ese período). Carrión explica que empezó a escribirlo el 10 de marzo de este año, es decir, solo unos días antes de que se decretara en España el confinamiento de la población debido a la COVID-19. Se trata, por tanto, de un diario ficticio pero, al mismo tiempo, sincero, e incluso podría decirse que precisamente porque es ficticio refleja mejor la realidad que si fuera auténtico.

Para añadir complejidad a la obra, tres grandes hilos se entretejen a lo largo de sus ciento setenta y seis páginas.

El primero es la crónica de la pandemia, desde el primer caso conocido en China hasta los pasos iniciales hacia lo que se ha llamado la Nueva Normalidad, un relato inevitablemente incompleto porque persisten muchas lagunas e incógnitas.

El segundo conforma un ensayo en torno al concepto de viralidad que, tal como lo entendemos hoy, surgió en los años noventa en el ámbito del marketing: “A partir de ese momento el objetivo de un anuncio, de una campaña de publicidad, de un videoclip o de un nuevo producto es propagarse, contagiarse, infectar las conciencias del máximo número posible de compradores, sobre todo a través de las redes de telefonía”. El libro revela cómo la viralidad no ha dejado de ganar peso e, impulsada por las redes sociales, se ha convertido en una categoría esencial para entender los mecanismos sociales, culturales, políticos y económicos de nuestra era. A través de mensajes y estrategias virales, se venden discos, se difunden bulos, se salvan vidas, se ganan elecciones. Y se comparten lecturas, claro.

Intercalados con los anteriores, el texto incluye materiales de carácter más personal, como los relativos a la experiencia del confinamiento en familia y a las novelas y los ensayos anteriores de Carrión —Contra Amazon es el más citado—. También abundan las referencias a lecturas sugeridas por la pandemia, desde el relato de Tucídides sobre la peste que sufrió Atenas en el siglo V a. C. y la inevitable novela de Albert Camus hasta una infinidad de narradores, ensayistas y autores de diarios como Kafka, Susan Sontag o Julio Ramón Ribeyro.

Precisamente a propósito del diario, Carrión señala que, “en los escritores modernos que importan”, este es “una estrategia de vanguardia” y “un laboratorio, un espacio de ensayo, de prueba, acierto, error”. Y, a continuación, se pregunta: “Este que escribo sin saber por qué, ¿acierta o falla?”.

Ante un libro como Lo viral, las respuestas pueden ser especialmente variadas; la mía es que Carrión sale airoso del experimento al que se ha sometido gracias a que las piezas encajan y, tras la lectura de las primeras páginas, el mecanismo se pone en marcha e ilumina cuestiones fundamentales sobre las que, aturdidos por las urgencias del día a día, apenas reflexionamos.

Sobre la base del paralelismo entre la pandemia y la viralidad digital —buscan la mayor propagación posible, necesitan transmisores y se aprovechan de la globalización y las nuevas tecnologías—, el autor encuentra relaciones más sutiles entre ambas, rastrea su origen y anticipa sus repercusiones en ámbitos como el de la cultura (Carrión es también director de un máster en Creación Literaria), los viajes o la inteligencia artificial. Por mencionar solo cuatro ejemplos de la variedad de perspectivas que ofrece, el libro explora la conexión entre los virus, la genética humana y el urbanismo; retrata el presente con las palabras de un filósofo romano de hace dos mil años, se fija en la conversión de las redes sociales en espacios de duelo ante la imposibilidad de despedir a los difuntos en persona durante la pandemia, y subraya la paradoja de que un fenómeno biológico va a reducir drásticamente el plazo para la transición digital.

Por su carácter fragmentario, Lo viral no tiene —no puede tener— la exhaustividad de un texto más ordenado y académico, pero en contrapartida disfruta de una flexibilidad que Carrión aprovecha para combinar teoría y experiencia, datos e intuiciones, creando una sensación de cercanía y urgencia. En algunos momentos, el estilo se contagia del carácter ligero y llamativo de lo que describe (“Jesucristo, el primer influencer“), pero es mucho más habitual que se incline hacia el matiz, la duda y los interrogantes sin respuesta —la entrada correspondiente al 2 de marzo consiste en treinta y nueve preguntas que el autor se dirige a sí mismo en una especie de examen de conciencia—, con lo que resulta a la vez más denso y más honesto.

Lo viral se lee con mucho interés (y algo de angustia) como reconstrucción histórica, es sugerente también como vía de acceso a otros libros (y películas y series de televisión) y nos permite, además, asistir al diálogo de un escritor con el mundo contemporáneo y consigo mismo, pero destaca sobre todo como fuente de ideas para la reflexión personal y el debate público.

Una lista pormenorizada sería interminable, así que apuntaré solo algunas que me han llamado especialmente la atención: la viralidad puede ser dirigida pero no decidida porque el centro de gravedad está en el cerebro de cada uno de nosotros; la filosofía actual más pertinente busca alternativas al incremento exponencial de la velocidad del mundo; existe una vinculación entre el uso de las redes sociales y la bioquímica cerebral, y plataformas como Amazon Prime Video, HBO y Netflix se rigen cada vez menos por criterios humanos y artísticos y más por la “tiranía de los algoritmos”, esos conjuntos de operaciones sistemáticas que sirven para procesar datos y resolver problemas, lo que convierte las obras en meros contenidos (este asunto se trata en uno de los episodios del podcast del escritor, “Solaris, ensayos sonoros”).

Quizás la conclusión más inquietante de Lo viral es que no hemos sido capaces de anticiparnos a la pandemia a pesar de experiencias anteriores y de los avisos reiterados de los expertos. Y el peligro, advierte el libro, continuará mientras el ser humano siga destruyendo los ecosistemas naturales. ¿Nos hará la pandemia conscientes del apocalipsis climático, “que parece lento pero en realidad no para de apretar el acelerador”?

Lo viral
Jorge Carrión
Galaxia Gutenberg
Barcelona, julio de 2020 (1.ª edición)
176 páginas

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